EL ÁRBOL SIN COLORES

– A las madres y los padres de nuestra comunidad educativa –

Ayer me di cuenta de que el árbol que está delante de mi ventana se había quedado sin colores. Era un árbol diferente. Su tronco tenía pintada alrededor una línea ancha roja, naranja, amarilla, verde, azul, añil y violeta. Cada rama era de un color y contaba con sus propios habitantes. La rama azul tenía un nido; la roja, cinco pájaros; la añil, una serpiente enroscada; la amarilla, una bolsa blanca enganchada; la verde estaba en lo alto y era dueña de muchas hojas verdes y un mochuelo; la violeta, siete flores hermosas con siete abejas reina; y la naranja esperaba la llegada de un mono. Yo me divertía mucho cuando lo miraba. A veces la bolsa, movida por el viento, espantaba a la serpiente y ésta a los pájaros. Las abejas salían de su flor y despertaban al mochuelo que no le hacía ninguna gracia. Luego llegaba el mono y les gastaba una broma pesada a sus vecinos del nido. Eran tres murciélagos enanos que sólo volaban por la noche.

      Pero hoy el árbol que está delante de mi ventana se ha quedado sin colores. Parecía triste. Sus habitantes también. Lo miraban y desconfiaban de su árbol casa. Creían que ya no los quería. Cuando llegó el mono pensó que se había equivocado de árbol. Pero de repente la serpiente percibió algo diferente. Sacó su lengua delgada, la movió en todas las direcciones y decidió subir hasta la rama más alta. Ahí se elevó y se estiró todo lo que pudo. Después invitó a que todos treparan. Hasta la bolsa blanca se desprendió para ascender. Yo también miré al cielo desde mi ventana y vi un gran arcoíris que abrazaba toda la ciudad. Fue una visión maravillosa y única. Ahora el árbol ya no está triste, le están saliendo muchas hojas verdes y el tronco es marrón como el de todos los árboles. Ha vuelto a ser feliz.

LORENZO ASÍN