LA COMETA DEL VIEJO KUN CHIANG

– A Esther, a Gloria R., a Miriam y a Teresa –

Ayer cuando atardecía salí a mirar por mi ventana como de costumbre. Enseguida llegó un pequeño artilugio volador pilotado por un chino. El chino tenía, además de unos ojos pequeños y rasgados, una barba gris larga y muchas arrugas en su cara. Era viejo y vestía con una blusa ancha azul y unos pantalones del mismo color. Aterrizó en mi pequeño balcón. La precisión fue tal que quedé más admirado por ello que por la propia aparición. La verdad es que ya tenía ganas de encontrar a un viejo sabio chino y escuchar sus historias. Me dijo que llevaba viajando cientos de años y que se llamaba Kun Chiang, que traducido significa Universo Libre. Me contó también la historia de uno de los instrumentos chinos más queridos por todos los niños y niñas de su país: la cometa de papel y madera. También me aseguró que fue él quien transmitió la sabiduría de su construcción y manejo.

                En un momento de la conversación, Kun Chiang abrió sus brazos. De sus manos brotó una luz y ante nosotros apareció, como por arte de magia, un gran lienzo con forma de gigantesca cometa. En ella pude contemplar con absoluta nitidez la batalla que hace cuatrocientos años libraron chinos y japoneses por el control de las costas del mar Oriental y en la que Chiang fue un héroe. Él me lo iba narrando todo. Los chinos estaban en las últimas cuando, gracias a su ingenio y a su habilidad para volar cometas, comunicó al emperador las intenciones de los japoneses. Mediante el vuelo de varias cometas a la vez, informó desde la distancia, con figuras cargadas de mensajes y colores, el desembarco de los nipones. De esta forma los chinos pudieron anticiparse y atacarles por sorpresa. Gracias a Chiang el emperador mantuvo su territorio. Los japoneses se marcharon a su país dejando intactas las costumbres chinas, entre ellas la tradición del vuelo de cometas. Antes de irse, Chiang me regaló una preciosa cometa en la que hay dibujados a mano nueve dragones con forma de serpiente que recuerdan a las nueve cometas que informaron desde el aire en aquella batalla. Ahora cada vez que hace un poco de viento la saco por mi ventana y viéndola volar recuerdo al ingenioso viejo de barba gris que llegó en un pequeño artilugio a mi balcón un día de mayo.

LORENZO ASÍN