LA FIESTA DE LOS EDIFICIOS

– A Infantil de Cuatro Años –

Ayer ocurrió algo sorprendente. Estaba mirando por la ventana, cuando de repente algunos edificios comenzaron a moverse. Pensé que sería un terremoto. Pero el mío seguía quieto. Quise asegurarme respirando dos veces y manteniéndome inmóvil, paralizando todos mis músculos durante varios segundos. Pude darme cuenta, entonces, de que continuaban desplazándose y que el mío seguía en su sitio. El de la derecha avanzó varios metros, el de la izquierda se contoneaba repetidas veces. Algunos edificios de mi calle se acercaban a la gran explanada que tengo delante de mi casa. Venían primero de uno en uno, después por decenas y más tarde por docenas. Aquello se estaba poniendo ciertamente interesante. Los había de dos plantas, de cuatro, de seis y hasta de ocho plantas. Algunos, los más bajos, eran antiguos. En cambio, los altos eran más modernos.

                Conforme llegaban a la explanada observé que la gente estaba espantada. Los que todavía permanecían asomados a sus balcones gritaban llenos de pánico. Otros cerraban sus ventanas y se escondían en sus casas. A pesar de todo, a mí empezaba a divertirme aquella rareza. Uno de los edificios se atrevió a dar una voltereta en la hierba. El ruido fue espantoso y tembló todo. Otros se doblaban por la mitad y, queriendo, colisionaban entre ellos haciendo una danza. Varios de distinto tamaño se cogieron de la mano y formaron un corro para dejarse caer después totalmente largos hacia atrás. Los había que rodaban por el suelo como niños jugando en el barro. El más atrevido se subió a lo alto de la montaña y se deslizó como si de un tobogán se tratase. Para sus vecinos tenía que ser parecido a un auténtico parque de atracciones y especialmente para los niños y niñas que eran los únicos que aguantaban en los balcones bien agarrados.  En un momento determinado sonó una sirena como la de las ferias y entonces cada edificio corrió y se colocó donde quiso; estaban totalmente cambiados. Ahora el pueblo parece otro, es del todo distinto.

LORENZO ASÍN